El Rezo del Niño
 
 


por Marcelo Arroyo J.

En nuestra cultura latinoamericana las costumbres religiosas todavía están muy arraigadas, y el Rezo del Niño no puede pasar desapercibido, pues esta tradición data de las épocas de la Colonia, cuando los españoles celebraban junto con los indígenas que estaban siendo evangelizados rosarios y devociones al Niño Jesús y a la Virgen María. El Rezo del Niño se realiza después de concluido el tiempo de la Navidad, es decir, después del 10 de enero, cuando el Papa, desde Roma, bendice todos los portales o los pasitos que hay en el mundo. Hay diferentes formas de celebrar este rezo, pero en general las personas que asisten al rosario del Niño lo hacen con gran devoción y en sus corazones hay esperanza de que el Niño Jesús nazca en el corazón de cada ser humano.

En Costa Rica

El Rosario del Niño es un evento muy común en Costa Rica. Se celebra a lo grande, pues es un momento en que las familias agradecen todo lo que Dios les ha otorgado en el año anterior, y ruegan para que el año que inicia sea próspero y tenga buenas acciones para ellos. Entre las costumbres que existen, está que un rezador o rezadora sea quien dirige el evento. Esta persona es muy conocida en la comunidad y es ejemplo vivo de fe en Dios. Además, es muy común que un coro de niños o personas mayores cante en el rezo, pues esto da un espíritu de alegría y motiva los corazones. Además, es común que convidar a los invitados a un buen plato de comidas, que incluyen picadillos, panes dulces, queques, galletas, arroz con pollo, frescos naturales, confites, tamales, etc. No pueden faltar las bombetas, que alegran el barrio y nos recuerdan, con su estallido, que estamos felices y celebrando una gran fiesta.

Usualmente, en los rezos, los niños ponen una nota alegre, pues con sus expresiones de júbilo, gritos y carreras, nos recuerdan que ese es el espíritu que debe reinar en cada uno de nuestros corazones. En nuestra vivencia el 15 de enero en la tarde, hubo una gran presencia de niños y niñas de todas la edades que nos contagiaron con su júbilo.