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Por: Marcelo Arroyo
Jiménez.
La sociedad
costarricense se destaca por mantener tradiciones que llevan años
celebrándose en las pequeñas comunidades de nuestros
cantones. En este contexto se enmarca esta pequeña reflexión,
sobre lo que experimenté al observar la Procesión
del Viernes Santo en la comunidad de San Joaquín de Flores
de Heredia, pero antes quisiera referirme un poco a la historia
de este hermoso cantón.
El Cantón de Flores, como territorialmente se llama a esta
hermosa comunidad, es el número 8 de los 10 cantones de la
provincia, y está ubicado al oeste del centro de la ciudad
de Heredia. Este cantón fue fundado el 12 de agosto de 1915,
y debe su nombre a los honores que la comunidad le hizo al distinguido
doctor Juan José Flores (1843-1903), por su gran labor en
el desarrollo y progreso de la provincia herediana.
Destaca en el centro del pueblo el Templo Parroquial de estilo romántico,
con sus estaciones del Via Crucis en mármol distribuidas
a lo largo de los jardines llenos de flores, y las valiosas pinturas
en el interior del templo. La construcción de la iglesia
data de entre 1868 y 1888, tiempo en que la comunidad campesina
viajaba en carreta hasta Cartago para traer una a una las piedras
de la edificación. El presbítero Francisco Chaverri
fue quien debió organizar la bendición del templo
en 1888, junto con el obispo de la época Bernardo Augusto
Thiel.
Retomando la Procesión del Viernes Santo, llamada La Procesión
del Encuentro, puedo decir que es una experiencia cultural y espiritual
irrepetible, pues la mayoría de la gente del pueblo se acerca
a participar de la procesión de una manera respetuosa y con
devoción. A lo largo del recorrido de 1.5kms., se pueden
observar familias completas (padres, madres, abuelos, abuelas, hijos,
nietos, tíos, sobrinos) caminando por las calles y rezando
en cada una de las estaciones del Via Crucis. Además, los
niños y las
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niñas, quienes se impactan mucho al vivir la experiencia,
constantemente les preguntan a sus
padres sobre los motivos de las representaciones
que están viendo y, también, sobre cada uno de los
personajes que caminan por el centro de la calle.
Quisiera destacar que todas las procesiones de la Semana Santa en
el Cantón de Flores, son famosas por ser una representación
“en vivo” de los hechos que describe la Biblia. En ellas
participan un grupo de actores y actrices de la comunidad que se
preparan mucho tiempo antes para que cada procesión salga
exitosa y sea vivida por la gente con intensidad, respeto y fe.
El grupo representa a Jesús, a los Apóstoles, a Poncio
Pilatos, a María la madre de Jesús, a María
Magdalena, a los soldados romanos, a Simón de Cirene, etc.
El ambiente que se respira y se siente es de solemnidad mezclado
con ansiedad, sobre todo hacia el final de la procesión,
en la que se cuelga en una cruz de madera -tamaño natural-
al actor que representa a Jesús y, a cada lado, a los actores
que representan a los ladrones que fueron crucificados junto con
él. Al pie de la cruz, espera dolorosa su madre, acompañada
del apóstol Juan. La comunidad completa vive minuto a minuto
los últimos instantes de la Pasión de Cristo, mismo
que están matizados con música y sonidos especiales
que representan el trueno y la lluvia.
Al final, cada espectador regresa a su casa para reflexionar y compartir
en familia la vida y muerte de Jesús. La comunidad guarda
un respeto que se puede sentir en las calles y en el corazón
de cada persona.
Hoy en día, las tradiciones son atacadas por la Globalización
y por los antivalores, pero éstas logran sobrevivir y permanecer
en el corazón de cada uno de los costarricenses. Las celebraciones
de la Semana Santa en la comunidad de San Joaquín de Flores
(y en muchas otras comunidades y pueblos de nuestro país)
son un fiel reflejo de la permanencia indiscutible y vigencia de
los valores que construyeron lo que es hoy Costa Rica.
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