Por Alexa
Santana.
En este momento histórico
que estamos viviendo, bastante convulsionado, globalizado, y en
donde las tradiciones ticas, literalmente, luchan por no desaparecer
ante tanta modernidad, indiferencia, discriminación y juicios
de valor, es que sobrevive el “famoso” mercado central
de la provincia herediana.
El nombre original
es el de Mercado Municipal, pero parece que a los heredianos les
gusta más llamarlo Mercado Central. Su inauguración
oficial fue el 23 de junio de 1889, aunque años atrás
y por varios contratiempos, se tenía en proyecto.
En palabras del historiador
herediano Carlos Meléndez Ch. (q.e.p.d.) “el aspecto
actual ha hecho desmerecer el proyecto original. Se habían
diseñado áreas ajardinadas en las partes norte y sur
del mismo, las que pronto desaparecieron. Con los sismos de 1924
fue preciso demoler los segundos pisos de las partes norte y sur;
más tarde se agregaron al lado del oeste nuevos locales y
después, para completar el afeamiento del mercado, se construyeron
los pobres agregados de la sección norte. En el interior
se produjo, también, un voraz incendio en 1978, el que llevó
a algunos cambios en el área afectada.”
Aunque es evidente
la ausencia de planificación integral en nuestro mercado,
el solo caminar por algunos de sus pasillos, adentro o afuera, nos
remite a un lugar como no hay dos aquí en Heredia. Y si se
trata de comprar, el observar de todo lo que uno se pueda imaginar
que le ofrecen, es una experiencia singular.
En el mercado se
pueden obtener desde frutas, verduras, legumbres, granos, carnes,
embutidos, y demás hasta productos cosméticos, plantas
medicinales, quesos, lotería, plásticos, masa lista,
hojas de plátano para tamales, juguetes, ropa, zapatos, artículos
de librería, pasamanería, y otros, porque la lista
es casi interminable.
Y ni qué hablar
de las múltiples y pintorescas sodas esquineras donde por
muy poco dinero almuerza uno como un rey o reina, en donde te sirven
platos variados como casados (con carne de diferente estilo, pollo
o pescado), arroz con pollo, tortillonas con queso, mariscos, olla
de carne, sopas, picadillos, ensaladas, frescos de frutas frescas
(licuados ante nuestros propios ojos), conos, emparedados, repostería,
entre otro montón de comida.
De veras que vale
la pena darse una vuelta por ahí y mirar como en medio de
todo y a pesar de todo, el Mercado Central aún respira en
nuestra ciudad de las flores acompañando a las viejas y nuevas
generaciones de familias heredianas y foráneos que nos visitan. |
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